Con quién vivir cuando el otro falta

Las mujeres, sobre todo las de edad avanzada, valoran mucho las relaciones interpersonales. La gran mayoría ha hecho mucho por otras personas: expresar cariño, dar apoyo y ayudar a las amistades y a la familia cuando han tenido problemas.

Durante toda la vida, esta facilidad para relacionarse con otras personas las ha ayudado en los momentos difíciles. Sin embargo, en la vejez se experimentan cambios y pérdidas en muchas de las relaciones. Cuando esto sucede, las mujeres temen a la soledad y a que ya no se les necesite o valore.

Aunque se llora por la pérdida de personas queridas, nunca es posible sustituirlas.
Únicamente se puede superar la soledad y el aislamiento reconstruyendo y cambiando las relaciones familiares, por ejemplo, formando grupos de ayuda con otras mujeres.
Así, la vejez puede ser una época óptima para tener nuevas amigas. Las amistades pueden proporcionar el apoyo necesario para enfrentarse a nuevos retos y para asimilar mejor la pérdida de los seres queridos. Por eso muchas señoras mayores cuidan a sus amigas «como si fueran de la familia».
Los hijos ya han crecido y seguramente se han independizado. Aunque en condiciones normales se puede contar con ellos, tienen su vida y no siempre entienden los procesos propios de la edad.

Con quién vivir y cómo

La vivienda es un tema importante para todas las personas y puede llegar a ser vital para las mujeres mayores. Aparte de la necesidad de disponer de un lugar cómodo, accesible y tranquilo para vivir, la sensación de tener un «hogar» constituye un aspecto fundamental en la seguridad de las mujeres. La casa puede ser el eje de sus vidas, además, en ocasiones, puede constituir el ámbito de trabajo. El mobiliario y los objetos son fuente de recuerdos y están llenos de significado para ellas, y a su vez les proporcionan un vínculo con el pasado.
Al jubilarse, muchas mujeres piensan en cambiar de domicilio, a un lugar más tranquilo, quizá más pequeño. Los cambios en la salud, en los ingresos, en la estructura familiar y en la forma de vida suelen influir en la elección de la vivienda.

Vivir sola o acompañada

Vivir sola o con otras personas es una decisión importante. Para algunas mujeres, vivir en comunidad implica tener que adaptarse a nuevos horarios, a los cambios en el estado de ánimo de las demás personas, a las costumbres y las necesidades de otros, etcétera. Por eso muchas ancianas prefieren no compartir la vivienda con nadie.
Si se decide compartir la casa con otra persona, lo mejor es buscar un compañero dentro del propio círculo de amistades. Por ejemplo, alguien que esté en una situación parecida a la de uno. En principio se puede establecer un período de prueba, puesto que pueden surgir problemas que dificulten en exceso la convivencia.
Vivir en grupo es también una alternativa que, a menudo, se asocia con gente joven, pero que puede funcionar con cualquier grupo de edad o con personas de diversas edades. Normalmente se trata de un acuerdo informal entre quienes comparten la vivienda. Puede ser muy positivo, ya que las personas se ayudan unas a otras sin tener que renunciar a un espacio privado.

Vivienda intergeneracional. Algunas mujeres mayores tienen la oportunidad de compartir piso con gente más joven que aporte entusiasmo y alegría a sus vidas.
Puede tratarse de los nietos o de estudiantes.

Otras alternativas. También existen apartamentos construidos específicamente para que residan padres, hijos y nietos. Son apartamentos anexos que tienen varias ventajas, ya que proporcionan vivienda independiente para las distintas generaciones, pero con la posibilidad de visitarse fácilmente y la tranquilidad de tener la ayuda cuando se precisa.
En otros proyectos de vivienda se plantea que las personas ancianas residan en una casa separada, pero edificada en la misma parcela o bloque de pisos. Este modelo permite mantener una total independencia, pero se dispone de ayuda en caso de que haga falta.

Residencia. Cuando la mujer mayor empieza a sentir la necesidad de que la ayuden, quizá sea el momento de plantearse un traslado a una residencia de ancianos o pisos asistidos. La residencia cubre todas las necesidades de la mujer y se trata de un espacio constantemente atendido. Pero depende del nivel adquisitivo de la señora mayor que pueda escoger un tipo de residencia u otra.
En algunas ocasiones, la propia anciana busca la residencia en la cual quiere vivir y sólo utiliza una parte de las instalaciones: una habitación, el comedor, la sala de juegos… De manera que se acostumbra a las personas y demás cuidadoras de forma progresiva. Al final se incorpora a la vida de la residencia definitivamente.

Los pisos asistidos. Los pisos asistidos son apartamentos independientes dentro de un espacio concreto, donde también se dispone de comedor colectivo, y demás instalaciones, como peluquería, gimnasio, asistencia médica y enfermería las 24 horas del día, servicio de lavandería, etcétera.

http://bienestar.doctissimo.es/psicologia/psicologia-madurez/con-quien-vivir-cuando-el-otro-falta.html

1758 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.