¡Siempre al teléfono!

¿Qué padres no han perdido la paciencia al ver a su hijo adolescente monopolizando el teléfono durante horas o no han tenido que pagar facturas astronómicas a fin de mes? “¿Qué tienen que decirse, si han estado juntos todo el día?”, es la pregunta más común entre los padres de adolescentes… ¿La solución? Armarse de paciencia. La verborragia telefónica dura varios años y llega a su apogeo entre los 13 y los 16 años de edad. Cuando el adolescente comienza a salir, afortunadamente las charlas telefónicas también empiezan a disminuir.

Gracias a los demás, uno se convierte en quien es; de ahí que las amistades sean tan importantes. Con los amigos uno habla, se entrega, expresa sus sentimientos y crea vínculos. En la adolescencia, uno se siente mejor al descubrir que no está solo, aunque sea el único espécimen adolescente en la célula familiar. Por eso a la mayoría de los adolescentes que regresan de la escuela les resulta indispensable hablar por teléfono con los compañeros que acaban de ver.
¿Por qué no se pueden controlar?

El adolescente tiene necesidad de mantener el contacto permanente con sus compañeros, confidentes y amigos. El teléfono subsana la imposibilidad de trasladarse y reduce las distancias. Cuando se siente mal, al adolescente le resulta esencial comunicar una angustia que no puede mantener dentro.¿Necesita un consejo? Teléfono. ¿Tiene ganas de charlar? Teléfono. ¿Sufre de soledad? Teléfono. Todas las razones son buenas para descolgar el auricular…

El teléfono como prueba de intimidad

El teléfono es un medio muy íntimo de comunicación. El adolescente se siente cómodo a la hora de abordar temas que no tocaría de otra manera, ni siquiera con sus amigos. En el teléfono se intercambian intimidades y chismes y, en ambos casos, es más fácil hacerlo si se está escondido. Por ejemplo, el interlocutor no verá si uno se ha puesto rojo, si transpira o si acusa el miedo en la cara. El teléfono también permite evadirse de casa y del contexto familiar aunque se hable del salón o de la habitación.

¿Qué hacer para reducir la factura?

Los adolescentes, a menudo poco conversadores en casa, suelen hablar mucho por teléfono: le cuentan a los amigos todo lo que no les cuentan a los padres. Esta actitud exaspera a los progenitores, quienes desearían ser los confidentes de sus hijos y también pagar menos de teléfono. Si no es posible evitar que el adolescente hable por teléfono, si es posible fijarle límites y reglas. Es importante darle responsabilidad y establecer un máximo de tiempo en el que tendrá que decir todo lo que tenga que decir. Otra medida de control es recurrir a facturas detalladas para poder mostrarle al adolescente su gasto mensual de llamadas y que éste tome conciencia de cómo afectan el presupuesto familiar.

Regalarle un teléfono móvil

Si el adolescente no hace ningún esfuerzo y continúa monopolizando el teléfono de casa, hay que hacerle responsable de los  gastos de sus llamadas y descontarlos de su mensualidad. Si esto tampoco surte efecto, habrá que comprarle un teléfono móvil de tarjeta prepagada. Para poder utilizarlo tendrá que comprar una tarjeta. Con su dinero, claro. Esta es una buena medida para responsabilizarle de sus gastos, ya que tendrá que aprender a controlar el consumo: una vez la tarjeta agotada y el dinero de bolsillo gastado, ya no podrá hablar. Este método es eficaz siempre y cuando los padres no cedan en el uso de la línea de casa.

¡Atención! Un adolescente que pasa demasiado tiempo al teléfono puede querer llamar la atención de los padres respecto de la falta de un espacio de comunicación en el seno familiar. En ese caso, les corresponde a los padres reactivar la comunicación, solo que esta vez, cara a cara.

A. Bolleau

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