Síndrome de Peter Pan / Psicología en la adolescencia

Un niño atrapado en el cuerpo de un adulto. Ésta podría ser la definición del síndrome de Peter Pan, tristemente ejemplificado por el recientemente fallecido Michael Jackson. El libro de Dan Kiley y del psiquiatra Alain Meunier nos habla de ello.

Bautizado por el psiquiatra norteamericano Dan Kiley, en referencia a un jovencito que quería permanecer durante toda su vida como un niño, el síndrome de Peter Pan no constituye una enfermedad mental sino un modo de funcionamiento que, si se padece de forma intensa, puede conducir a la depresión o bien puede conllevar graves problemas en las relaciones con los demás.

Juegos de niños en edad adulta

Al igual que el héroe de J. M. Barrie, popularizado por Walt Disney, las personas que presentan el síndrome de Peter Pan continúan, incluso cuando son adultas, comportándose como si fueran niños. La referencia a juegos o juguetes constituye una prueba de ello. Con 20, 40 o incluso 60 años, siguen jugando con las muñecas o la consola, continúan mirando dibujos animados y frecuentan los parques temáticos. Dedican una parte de su vivienda, como una habitación entera, a sus muñecos de peluche, juegos y demás juguetes. Michel Jackson, que nunca dejó de repetir que era el mismísimo Peter Pan, había transformado su rancho de California en un gigantesco parque de atracciones bautizado bajo el nombre de Neverland, el nombre de un país imaginario donde se refugiaba el joven héroe de la novela de Barrie.

“Lo más sorprendente de todo”, precisa el Dr. Alain Meunier, psiquiatra, “es que el mundo en el que evolucionan los Peter Pan no es nostálgico ni regresivo sino, por el contrario, extremadamente vivo”. A diferencia de los nostálgicos de Casimiro y la familia Barbapapas, “los Peter Pan no buscan recuperar su infancia”, insiste el psiquiatra. “Lo que les interesa es la última versión de la Nintendo el nuevo modelo de la muñeca Barbie”.

Sin camino hacia la adolescencia

¿Una explicación de esta infancia prolongada? En lugar de vivir las transformaciones psicológicas naturales de la adolescencia, las personas que padecen el síndrome de Peter Pan pasan directamente de la infancia a la edad adulta, esquivando así la adolescencia. “Existen dos casos en particular”, explica Alain Meunier. “O bien viven una experiencia traumática durante su infancia, lo cual les impide crecer y desarrollarse, o bien, por una razón u otra, se ven privados de su adolescencia”.

Por ejemplo, la madre de Sandrine se convirtió en embajadora del país cuando su hija tenía 12 años. Resultado: una jovencita que ha tenido que crecer muy rápido y ha tenido que adoptar el papel de madre y padre para sus hermanos y hermanas. A los 25 años, todavía juega con la muñeca. Fue precisamente su primer embarazo lo que le ha incitado a consultar un psiquiatra. Claro está: ¿cómo convertirte en madre cuando tú misma sigues siendo una niña?

Una percepción del tiempo y la muerte alterada

“Los dos grandes descubrimientos de la adolescencia son el tiempo y la muerte”, explica Alain Meunier. “Ahora bien, del mismo modo que los niños, los Peter Pan suelen tener problemas temporales”, constata el psiquiatra. Pasan mucho tiempo, o bien no el suficiente, para ejecutar una tarea. Suelen dejar de hacer cosas para hacerlas más tarde, lo cual puede ser al día siguiente o en el último minuto de ese mismo día.

El otro gran descubrimiento de la adolescencia: la muerte. Es precisamente durante este periodo de vida cuando algunos adolescentes empiezan a dibujar cabezas de muertos o se visten con prendas de estilo gótico. “Los Peter Pan no son conscientes de qué es la muere”, afirma el psiquiatra. “Creen que, de algún modo, son inmortales”.

Una dificultad que afecta a varios ámbitos

Las personas que sufren este síndrome suelen ser “el compañero simpático” o el “graciosote de turno”, pero, en general, se muestran verdaderamente solitarias, pues no se sienten cómodas en otro lugar que en su burbuja, en su mundo imaginario. Tienen miedo a las responsabilidades y les horrorizan las casualidades, las sorpresas, las obligaciones… Tienden a tener una gran dependencia de sus padres. En el ámbito profesional, los Peter Pan pueden sufrir una falta de inversión personal y, por lo tanto, consiguen subempleos, a pesar de su alto nivel de estudios.

A veces, también sufren trastornos sexuales, como el vaginismo, la eyaculación precoz, la impotencia… Pero esto no es una fatalidad. “La mayoría de los Peter Pan que he conocido no padecen este tipo de problemas”, precisa Alain Meunir. “Es evidente que su vida sexual no es una prioridad para ellos. Si tienen relaciones es porque sus funciones están desarrolladas. De todas formas, como no introducen ningún sentimiento en la sexualidad, tampoco les aporta felicidad”.

Problemas escondidos socialmente

A pesar de todo, las personas que sufren el síndrome de Peter Pan no viven al margen de la sociedad. Todo lo contrario. Su modo de funcionamiento atípico no les impide llevar una vida aparentemente “normal”. Suelen estar casados, tener hijos, un empleo, amigos o vida social. Son el Sr. o la Sra. Fulanito o Fulanita de Tal, pero si siguen esta conducta es sólo por imitación, según Dan Kiley, y no por gusto, deseo o ganas.

¿Qué buscan? Pasar desapercibidos, fundirse con la multitud, confundirse con la decoración para poder vivir en su mundo interior, personal e imaginario. En consecuencia, sus relaciones con los demás pueden carecer de consistencia, empatía, implicación personal y con tendencia a la inmadurez.

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Para superarlo se impone una psicoterapia

Si bien el síndrome de Peter pan puede sobrellevarse más o menos bien, llega un punto en que supone un problema. “Existen tres grandes razones para que un Peter Pan se dirija a una consulta”, explica Alain Meunier. “Ya sea porque sufre problemas sexuales. Ya sea porque su mundo imaginario y el mundo real se entremezclen (por ejemplo, el cónyuge no se siente amado o quizás dedica la mitad de su tiempo libre a jugar con la Nintendo). Sea cuál sea la razón, el Peter Pan se hunde en una depresión porque se da cuenta que el mundo que ha construido está vacío, sin consistencia, sin fundamento”. Para curarlo, es necesario emprender una psicoterapia. “Nuestra misión, entonces, es ayudarlos a pasar por la adolescencia”, subraya el psiquiatra, “trabajando intensamente los temas de la muerte y el tiempo”.

Rita González

Psicóloga e Hipnoterapeuta

1 comentario
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